February 8, 2012

Trilobite

En este preciso momento, hace unos quinientos mil años, productos de una explosión andaban unos trilobites en rebaños, cazando su digestión, navegando parabólicos, polarizando lumínicas retinas, sin ser pescados pues naufragando al fondo de si mismos palparon el fondo del mar.

Océanos de cristales oscuros escondidos en sus ojos, cantando a las orillas de una circunferencia estrellada por la marea, rondada por sábanas blancas, rondada por barbas, barbaries, chispas en las farolas, las cachimbas, por innombrables nombres gastados, por perros, tábanos, taxidermos, palabras y serpientes. 

Los cerdos engendran perros que roban música

Nadie

               dijo

                             nada

Se entonaron canciones de amor

Se entonaron canciones melancólicas chilenas

Se entonaron

En el cosmos los organismos han sido seleccionados para que se dediquen al sexo; los que lo encuentran aburrido, pronto se extinguen. 

Eso lo dijo Carlos Sagán. 

Para hacer el amor se necesitan ganas, se necesita oportunidad, pero sobretodo se necesitan ganas. Eso lo gritó Auxilio, una uruguaya en méxico cuya voz perdí en un autobús pues yo mismo cantaba. 

(¿y las cabras? pregunta el Ultimo Romántico)

Quienes se despertaron fueron los animales.

(*segmento del documental “La gurisada come plancton”, producido en el Hotel Parsimonia)

(Enciclopedia del nuevo milenio que trata sobre el saber ambiguo, mundano e invisible, Tomo XXII)

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