Trilobite
En este preciso momento, hace unos quinientos mil años, productos de una explosión andaban unos trilobites en rebaños, cazando su digestión, navegando parabólicos, polarizando lumínicas retinas, sin ser pescados pues naufragando al fondo de si mismos palparon el fondo del mar.
Océanos de cristales oscuros escondidos en sus ojos, cantando a las orillas de una circunferencia estrellada por la marea, rondada por sábanas blancas, rondada por barbas, barbaries, chispas en las farolas, las cachimbas, por innombrables nombres gastados, por perros, tábanos, taxidermos, palabras y serpientes.
Los cerdos engendran perros que roban música
Nadie
dijo
nada
Se entonaron canciones de amor
Se entonaron canciones melancólicas chilenas
Se entonaron
En el cosmos los organismos han sido seleccionados para que se dediquen al sexo; los que lo encuentran aburrido, pronto se extinguen.
Eso lo dijo Carlos Sagán.
Para hacer el amor se necesitan ganas, se necesita oportunidad, pero sobretodo se necesitan ganas. Eso lo gritó Auxilio, una uruguaya en méxico cuya voz perdí en un autobús pues yo mismo cantaba.
(¿y las cabras? pregunta el Ultimo Romántico)
Quienes se despertaron fueron los animales.
(*segmento del documental “La gurisada come plancton”, producido en el Hotel Parsimonia)
(Enciclopedia del nuevo milenio que trata sobre el saber ambiguo, mundano e invisible, Tomo XXII)
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